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Capítulo # 2 (Parte IV) Rumbo Al Castillo del Aprendizaje

♠ Posted by Annesdy Tellado in , at 16:13
Capítulo # 2 (Parte IV) Rumbo Al Castillo del Aprendizaje
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Procedía a oscurecer mi vida. De momento, comenzaron a entrar cuatro libros bailarines, llenos de alegría. El primer libro era de literatura, el segundo libro era de ciencias, el tercer libro era de historia y el cuarto libro eran páginas en blanco; nadie había escrito en él. Los demás libros lo rechazaban porque era diferente. El día que se aceptó como era, llegó el cambio en su vida. El libro tomó un lápiz y empezó a escribir en cada página, hasta convertirse en un libro de cuentos. El libro más hermoso que cualquiera podía haber leído. Esperó mucho tiempo para escribir en él, pero valió la pena la espera. De momento, escuché una voz. —Josué, ¿dónde estás? —miraba en cada ángulo de aquella biblioteca oscura—. No te logro ver. —Lemuel —contestó Josué, hablando pausado—, ¿no has entendido el mensaje? Además, no es el momento de que veas, es el momento de que aprendas a escuchar y a confiar. Cuando uno escucha y luego habla, las palabras que salen por tu boca son palabras de un verdadero sabio. Mas cuando hablas sin pensar, puedes causar hasta la destrucción de todo un imperio. Aun el necio, cuando calla, es contado como sabio.
—Esto es mucha filosofía.
—No, Lemuel, esto es aprendizaje. Analiza y podrás entender qué quiere decir cada página de tu libro.
De momento, me sentí solo, como si el leopardo hubiera abandonado el lugar. Este mensaje no estaba tan difícil: era un libro que estaba en blanco; los escritos de las páginas eran lo que yo hacía diariamente con mi vida. Cuando comencé a leer mi libro, entendí que no había hecho nada productivo. No me gustaba tomar clases, no me gustaba leer, no era un caballero, no ayudaba a los campesinos. Solo era la sombra de mis padres que los seguía adonde ellos caminaban, sentado en un bosque, esperando que el reinado me cayera del cielo sin lucharlo y sin desearlo. ¡Qué barbaridad!”, me dije a mí mismo. Mi vida era una basura; había perdido el tiempo. De momento, me sentí nuevamente acompañado. —Lemuel, no sientas que has perdido el tiempo por esos errores. Tómalo para que puedas actuar de una manera sabia en una futura ocasión. —Gracias por ser mi guía. —No soy tu guía. — ¿Quién eres? —Por el momento no te puedo decir. No fueron rayos del sol los que nos despertaron. Era el sol completo que iluminaba nuestros rostros y nos despertó a la misma vez. Al abrir los ojos, me llevé una sorpresa: estaba todo oscuro. Comencé a gritar como un demente. — ¿Qué te pasa? —preguntó Juan—. Pero dime... ¡Contesta! —¡Lemuel, contesta, por favor, de una buena vez! — gritaba Amanda. Sentí una paz que me invadió y la voz del leopardo, diciéndome: “Todo lo que te ocurre en la vida es por un propósito; está en ti aprender o simplemente quejarte”.

Continuará

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