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Capítulo # 2 Rumbo Al Castillo del Aprendizaje (Parte V)

♠ Posted by Annesdy Tellado in , at 13:37

















Capítulo # 2 (Parte V) Rumbo Al Castillo del Aprendizaje
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—Juan, Amanda —dije con voz calmada y en paz—, no se asusten con lo que voy a decirles: no puedo ver. —Oh, por Dios, no puede ser. No podemos continuar el viaje así. Es mejor que nos regresemos —dijo Amanda. —No, no quiero regresar. —Pero, primo, tenemos que subir el monte; no puedes hacerlo ciego. —Es verdad que estoy ciego, pero solo no me encuentro. Ustedes me ayudarán. Confiaré en ustedes. Un día completo nos tardamos para subir el monte, lo que quizá nos hubiéramos tardado unas horas nada más. Escuchando a Juan impartiendo las instrucciones para escalar, confiar en las manos de Amanda, dejándome sentir seguridad. No pasó más tiempo cuando escuché la voz de Juan decir: —Llegamos. De momento, mis ojos se llenaron de imágenes y colores. Puedo ver —dije con asombro.
Juan no lo podía creer. —Lemuel, te pasaste haciéndote el ciego. Con cara de tristeza, lo miré fijamente a sus ojos: —Sé que esto es difícil de creer y si te contara todas las cosas que últimamente me están sucediendo tampoco me creerías. Solo te digo que de verdad estaba ciego. —Juan, qué poca fe tienes —dijo Amanda—. Tienes que comenzar a creer en los milagros. Nos envolvimos en nuestra conversación de creer en mi ceguera y, sin darnos cuenta, habíamos llegado al Castillo del Aprendizaje. Sus alrededores eran totalmente de agua; un puente largo era la conexión entre la tierra y el castillo. Uno de los caballeros que corría su caballo en sus alrededores se dio cuenta de nuestra presencia, mandando a que bajaran el puente. Al entrar, nos pasaron inmediatamente ante la presencia del rey Eduardo y su esposa Eva. —Mis ojos no pueden creer lo que están viendo —dijo Eduardo con alegría—. Tienes la misma cara que el rey Fernández cuandoera un príncipe. —Todos me dicen eso, rey Eduardo —dije con voz respetuosa—. Venimos a... —A visitarnos —interrumpió—. Estamos en medio de una fiesta. Los invito a que se sienten en nuestra mesa. Ella es mi hija María y mi hijo José. María era una doncella de catorce años aproximadamente. Era rubia, ojos marrones; se veía muy dedicada. Me gustaba para emparejarla con mi primo Juan. —Aquí estoy con mi novia Amanda —Amanda me miró un poco avergonzada— y mi primo Juan, el hijo menor de Gilberto. —Qué privilegio conocerte, Juan. Tu padre era un verdadero caballero y su abuelo también. La historia de su castillo se debe a la sabiduría de un hombre que comenzó a preocuparse por la inteligencia y fomentar la lectura para que el reinado sea lo que hoy en día conoces... Su bisabuelo, el rey Josué. —¿Cómo dijiste que se llamaba? —interrumpí bruscamente. —Josué —repitió el rey Eduardo—. ¿Por qué la pregunta, príncipe Lemuel? —Por nada, rey. —Mi padre me contaba —continuó el rey Eduardo— que mi abuelo y Josué tu bisabuelo eran buenos amigos, pero de noche tenía unos sueños extraños... —¿Como cuáles? —pregunté, como si no tuviera idea de lo que estaba hablando. —Bueno, la verdad, no sé cuáles eran los sueños —continuó Eduardo—, pero eran sueños con animales y objetos con vida. La cuestión es que todo lo que soñaba el rey Josué se lo contaba a mi abuelo. Hasta que aprendió a poner en práctica lo aprendido y ese sueño se convirtió en el Castillo de la Biblioteca. —¿Y de qué eran esos sueños? —seguí preguntando. —No tengo idea. Eso sí, tengo un apunte de Josué en mi biblioteca. Cuando se acabe la fiesta, te lo enseño para que tengas una idea de lo que él soñaba. Ahora, vamos a divertirnos, que llegó el bufón.
Entró un hombre enano, deforme. Su vestuario era de colores brillantes, con campanas y cornetas decorando su sombrero. Ese hombre no tenía nada gracioso, burlándose del poder de su rey. Estaba confundido. ¿Esto era el Castillo del Aprendizaje o el Castillo de los Anormales? De momento, escuche la voz decir: “Hay cosas importantes en la vida que hay que seguir para ser feliz y tener una vida equilibrada. Primero, amar y ser amado; segundo, trabajar para sentirnos útiles a la sociedad; y tercero, sacar tiempo para divertirse”. Cuando terminó el bufón de contar sus chistes, le pedí al rey Eduardo que me llevara a la biblioteca para leer la única anotación que había hecho mi bisabuelo años atrás.
Titulado: “Para mi futura generación”

Continuará......

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