Blog de Annesdy Tellado

Capítulo # 3 (Parte I) ¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO? (Parte II)

Capítulo # 3 (Parte II) ¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO?
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¡Qué bonito era lo que estaba viendo a mi alrededor! Árboles por todos lados tapando el brillante sol, una cascada con agua fresca, limpia, y yo me preparaba para tirarme desde la parte más alta hasta caer a las profundidades del agua. Mi cuerpo no podía resistir y comencé a tragar agua. Un suceso extraño en mí, ya que era un nadador medieval profesional. De momento, vi al leopardo con alas de águila tirarse de la roca más lejana, más alta que de la cascada desde la que me había tirado, y se tiró, cayendo con la misma rapidez con la que corren los leopardos normales. Cuando estaba a punto de tocar fondo, soltó sus enormes alas y con sus garras me sacó, llevándome a tierra segura. —No entiendo —le dije, sin ningún interés de darle las gracias—. ¿Por qué me iba a ahogar, si yo estoy acostumbrado a nadar? —Porque tenías miedo —respondió Josué—. Al ver que el agua te estaba llevando, tuviste temor y te desesperaste, olvidando así los conocimientos básicos que tenías de natación. Nunca dejes que el miedo y la desesperación te roben la paz, el conocimiento: eso es lo que te va a permitir tomar buenas decisiones en la vida. Hay una sombra negra cubriendo el Castillo de la Biblioteca. No dejes que la desesperación, la soledad y el miedo te dominen. Te pueden robar todo, hasta tus riquezas, pero el conocimiento estará en ti para siempre. —Josué, ¿quién es esa sombra negra? —No te puedo contestar, Lemuel. —¿Viste la sombra —proseguí a tratar de sacarle información— cuando nos dejaste en el castillo? —Lo siento, príncipe Lemuel. Solo te digo lo que tienes que hacer. —Si me dejo dominar por el miedo y la desesperación, puedo perder esta batalla. —Sí, Lemuel, pero ten fe. Ya estás advertido, tienes que estar preparado. Me desperté muy temprano en la mañana. Inmediatamente, fui a la biblioteca a llenarme de información y conocimientos. Antes de abrir esa puerta, recordé la última vez que mi padre entraba conmigo: el día que me regaló el libro de los reyes, muy ilusionado por el legado que me estaba dejando. Yo estaba inquieto, porque quería salir de ese lugar. Cuando entré, vi que no había libros en la biblioteca. Los anaqueles estaban rotos. Verdaderamente, algo estaba ocurriendo. Me retiré de la biblioteca corriendo como un demente hacia la habitación de mis padres. Ellos no se encontraban. Corrí hasta llegar a las calles. Lo que veía era personas incultas. Nadie estaba leyendo, no veía a las pers onas trabajar; solo veía a las personas tristes; otros obtenían diversión chocando sus frentes de cabeza a cabeza. ¿En qué lugar estaba? ¿Estos serían de mis sueños extraños? No podía entender. Dentro de mí supuse que el libro que me había regalado mi padre quizá podría tener una respuesta. Saqué el libro y comencé a leerlo debajo de un árbol. De momento, escuché una voz. —Guardias, atrápenlo. Cuando alcé mis ojos para ver a quién los guardias iban a apresar, me di cuenta de que era a mí. —Un momento. Ustedes no saben quién soy yo. Soy el príncipe Lemuel. Los guardias se apresuraron para atraparme. Me trataron de llevar en contra de mi voluntad, golpeando a uno en su rostro y pisando al otro. Pude escapar de estos guardias, que no recordaban quién era. Todas las personas miraban la persecución y no me defendían. Tampoco ayudaban a los guardias. Estaba corriendo en dirección al palacio; ahí yo estaría seguro. Logré llegar al palacio, cerrando la puerta rápidamente. Me di cuenta de que ni en ese lugar estaría a salvo. Entré a la habitación de mis padres. Era hermosa. Su tamaño era más grande que la biblioteca y mi cuarto juntos. Observé el botón especial que mis padres tenían que me dirigiría a un túnel en el cual me pasaba jugando cuando era chico. Ellos lo tenían para protegernos en caso de un ataque en el cual nos sintiéramos obligados a abandonar el castillo. Escuché un ruido; venía de la puerta principal del palacio. Al parecer, habían podido derrumbar la puerta. Me estaban buscando. Según los ruidos que se escuchaban, parecía que se habían sumado más guardias para mi arresto. ¿Cuándo me había vuelto prófugo? Nunca tuvimos que usar el túnel, pero parecía que lo tendría que utilizar. De momento, me pregunté si Amanda y Juan se encontraban bien. No podía regresar; ahora los guardias se escuchaban más cerca de mí. Oprimí el botón y procedí a entrar. Cuando se cerró la puerta por la cual entré, mi vista se llenó de oscuridad. Caminé horas tras horas sin ningún rumbo, confiando en mi sentido común; esta vez, caminar sin poder ver, sin la guía de Amanda y la dirección de Juan. Había caminado tanto tiempo que se me olvidó si realmente no veía por la oscuridad o si estaba ciego por segunda ocasión. De momento, llegué hasta el final y vi el árbol del bosque donde yo siempre me pasaba para escaparme de las clases medievales. Este lugar quedaba un poco retirado de los atrios del Castillo de la Biblioteca. Ahora, la pregunta importante: ¿cómo iba a defender a mi pueblo? ¿Cómo ganaría esta batalla? El temor se apoderó de mí, causando las ganas de escapar del lugar y olvidarme de todo, pensar que esto nunca había ocurrido. Mi conciencia no me dejaba en paz, ya que había nacido para ser rey. Tenía que defender a mi gente a como diese lugar, aparte del amor que sentía por Amanda y por mis padres. Sentía como que no podía vencer, a pesar de todas las visiones que tenía por medio de los sueños; parecía que me estaban preparando para esta batalla. Creía que no tenía las fuerzas; me sentía incapaz de tomar posición en mi vida, en mi legado. Mirando bien, no tenía un aspecto de guerrero; de hecho, mi imagen era la de un muchacho que era cuidadoso con su físico, no soportaba ver sangre, no podía ver a los caballeros pelear y a veces se burlaban de mí, colocándome por sobrenombre. “Paz mundial”. De momento, escuché un llanto desde los arbustos.

Continuará......

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