Blog de Annesdy Tellado

Capítulo # 3 (Parte III) ¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO?

Capítulo # 3 (Parte III) ¿QUÉ ESTÁ SUCEDIENDO?
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Me asusté por un momento, pero tenía que escoger entre estar solo o conseguir un nuevo amigo. La vida era un riesgo tras otro, así que proseguí a averiguar qué era. Cuando observé de lejos, no podía creer lo que eran la mitología y los monstruos. ¿Qué era eso que estaba viendo? Era una persona de color verde. Su cabeza era grande, con el cuerpo pequeño y con tres ojos. Parecía una persona indefensa, ya que sus lágrimas y su sufrimiento mostraban el interior de esa personita. —Permiso —dije, interrumpiendo su llanto—. ¿Te encuentras bien? —Sí —contestó la personita, a la vez que limpiaba sus lágrimas con sus dedos—. Estoy triste. —Bueno, yo también tengo mucho de que preocuparme, pero si necesitas mi ayuda, en confianza, me puedes explicar. Quizá no pueda resolver tus problemas, pero tal vez te pueda ayudar a que te sientas mejor. —¿De verdad quieres que te cuente? —me dijo la personita.
—Sí, adelante —le supliqué.
—Siéntate, por favor —la personita se paró—. Yo soy la princesa del Castillo de los Cuentos. La semana pasada había un baile real, donde invitaron a los príncipes más cercanos para que los conociera. —Sí, a mí me llegó esa invitación —interrumpí bruscamente—. Yo asistí, pero me fui rápido, ya que tenía unos compromisos previos. —Bueno, ¿quién es usted? —preguntó la princesa de color verde. —Soy Lemuel, el príncipe del Castillo de la Biblioteca. —¡Qué bien! Yo soy la princesa Victoria. —Perdona la interrupción, Victoria. Si quieres, puedes continuar. —Gracias, Lemuel. Pues ese día, cuando hubo la gran fiesta, no me gustó ninguno de los príncipes del lugar, a excepción de uno que era guapo, con una bonita sonrisa, que de verdad hacía honor al nombre de príncipe. Él nunca me hizo caso. Al momento de bailar conmigo, tomó sus pertenencias y se fue del baile real. Me sentía tan mal, llena de dolor, que salí corriendo hacia mi habitación, me miré al espejo y me dije: “Hasta un marciano tendría más cuerpo que yo”.
—Disculpa la ignorancia, Victoria —volví a interrumpir—. ¿Qué es un marciano?
—Esto es algo que no vas a ver en libros, pero mi mejor amiga, la princesa Sofía, tuvo un encuentro con un marciano. Lo vio correr por el castillo y jugó con ella hasta que una máquina voladora se lo llevó al cielo.
La miraba con asombro, pero no me atrevía ni por un momento a reírme de ella, aparte de que es una mala costumbre burlarse de los demás. No podía juzgar, porque si vamos a hablar de locos, creo que yo era el número uno, ya que hablaba con un leopardo volador.
—Lemuel, después de que dije las palabras al frente del espejo, me acosté. No me había dado cuenta de que, mientras decía esas palabras, pasó una estrella fugaz y al otro día, cuando desperté, salí yo hecha un marciano. A pesar de esto, trato de llevar una vida normal, pero no puedo. No puedo bañarme en la piscina real, me tengo que esconder de las personas para que no se asusten; por eso decidí estar en este lugar, un sitio en el que no puedo asustar a nadie. Estoy más infeliz que como era antes. Fui adonde el hada madrina, pero ella está de vacaciones. —Disculpa —volví a interrumpir—, ¿tú tienes hada madrina? Espera, déjame preguntar mejor... ¿Las hadas madrinas existen? —Seguro —contestó Victoria un poco incómoda—. Bueno, por lo menos en el Castillo de los Cuentos sí existen. ¿Tú no tienes a alguien que te protege y te dice lo que tienes que hacer? —Sí, tengo la conciencia. —¿Y qué más, Lemuel? —Bueno —contesté un poco avergonzado—, tengo a alguien que me protege. Es un leopardo parlanchín con alas de águila. —No lo puedo creer —dijo Victoria, mirándome a los ojos—. Me miraste como una loca cuando te dije que tenía un hada madrina, pero ¿cómo te tendría que mirar si tu guía es un leopardo volador que habla? De momento, de las nubes bajó mi guía, el leopardo, con sus alas de águila. Nos montamos sin pensar. —Se llama Josué.
—Ay, Josué, tengo una petición. Quiero ir al cielo para hablar con los marcianos a ver cómo es que puedo volver a la normalidad. —Por favor —dije—. Josué no es un cumple deseos como tu hada madrina. No estaba terminando la oración cuando Josué tomó vuelo hacia el cielo con una velocidad incalculable. Al pasar las nubes y el sol, llegamos a un área donde todo flotaba, menos nosotros. Mi guía, el leopardo, tenía una magia que le hacía protegernos. Nos paramos en una de las tierras que había en aquel cielo; nos bajamos. Josué se detuvo, mientras que nosotros continuamos caminando. De momento, observamos muchas personit as parecidas a la imagen de la princesa Victoria. —Quiero hablar con su rey —ordenó Victoria. Cuando entramos, todos se me quedaron mirando como si yo fuera de otro mundo. De momento, Victoria explicó lo sucedido. —Humanos convertidos en marcianos —dijo el gobernante—. Guardias, atrápenlos para experimentar con ellos. Aligeramos el paso para correr, mientras que ellos nos disparaban con unos rayos que salían de sus dedos, cuando por fin logramos montarnos en mi guía y salimos de aquel lugar sanos y salvos. Llegamos a la Tierra. Victoria se sentía bien frustrada. —Bueno, Lemuel, no mequeda de otra —dijo Victoria—. Voy a llevar una vida normal, vivir con esto que tengo en mi vida, aceptarme tal como soy. Victoria se despidió de nosotros. Mientras se alejaba, su cuerpo comenzó a cambiar, hasta que se convirtió en una persona normal. De hecho, era una princesa hermosa; no sé cuál era su complejo. La princesa comenzó a correr de alegría y se dirigió a su destino. —No me digas nada —le dije a Josué—. Entendí este mensaje: aceptarse uno mismo y creer en uno. Cuando nos aceptamos tal como somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, los demás que se encuentran a nuestro alrededor comienzan a aceptarnos. Además de que la autoestima crece a tal punto que comenzamos a creer que todo lo que nos propongamos lo podremos lograr. Me senté en el árbol, abriendo el libro que me regaló mi padre, y me vino una página que decía:
“El pueblo perece por falta de conocimiento. La verdad nos hará libres. No seas sabio en tu propia opinión”.
Esto tenía que ser una pista de la razón por la cual el Castillo de la Biblioteca se encontraba como estaba. Realmente no sabía lo que estaba pasando. Era obvio que algo bueno no era. Llegó mi momento, mi tiempo de demostrar la clase de príncipe que era yo. Sin saber con quién exactamente iba a pelear, tenía que crear un plan. Estaba consciente de que era alguien que no quería que el Castillo de la Biblioteca fuera un castillo sabio, libre y crítico. Era momento de actuar. Daba vueltas en mi cabeza. Todo me estaba apuntando a que David II tenía que estar detrás de todo eso. Ellos me querían llevan bajo arresto. ¿Ante quién me querían llevar? Estuve sentado hasta que el Sol dejó de trabajar y dejó paso a la Luna en la jornada de cuidar la Tierra.
Continuará.......

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